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Artículo original

 

Competencias informacionales en residentes de Medicina Familiar

Information literacy competencies in Family Medicine residents

Habilidades de alfabetização informacional em residentes de medicina de família

 

Jonatham Veliz-González1* Imagen 1 https://orcid.org/0009-0001-8155-6945

 

1Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral. Profesor Instructor. Facultad de Ciencias Médicas de Artemisa. Policlínico Docente “Adrián Sansaricq”. Artemisa, Cuba.

 

Imagen3*Autor para la correspondencia. Correo electrónico: Imagen 2 velizjonatham@gmail.com

 

RESUMEN

Introducción: la ausencia de una formación estructurada en alfabetización informacional puede derivar en que los profesionales posean conocimientos fragmentados. El residente debe dominar los métodos de investigación, optimizar la efectividad de su práctica y generar nuevos conocimientos.

Objetivo: identificar las competencias informacionales en los residentes de Medicina Familiar del Policlínico Docente “Adrián Sansaricq” en el municipio Artemisa durante el segundo período del curso 2024-2025.

Métodos: estudio observacional, descriptivo transversal. El universo estuvo conformado por 24 residentes y el muestreo fue censal. Las variables analizadas fueron: necesidades de información, búsqueda de la información, utilización de la información, evaluación de la información, comunicación de la información y elementos de autoevaluación. Para la recolección de los datos se aplicó un cuestionario mediante la herramienta Google Forms.

Resultados: 66,67 % reconoció requerir información siempre o casi siempre para el desarrollo de sus actividades y los exámenes fueron el principal catalizador para la búsqueda. Los libros impresos fueron explorados habitualmente por la totalidad de la muestra. Solo 45,83 % se encontraba familiarizado con los servicios disponibles en Infomed. Acudieron al motor Google Académico 95,83 %. Se identificaron limitaciones para la búsqueda avanzada y la evaluación de la información.

Conclusiones: las competencias informacionales de los residentes se consideraron regulares. Se identifica la necesidad de aplicar estrategias formativas que fortalezcan sus habilidades y actitudes, con especial atención al acceso a fuentes y recursos de información, al dominio de las bases de datos especializadas y al empleo de herramientas de gestión bibliográfica.

Palabras clave: alfabetización digital; alfabetización informacional; conducta en la búsqueda de información; medicina familiar y comunitaria.

 

ABSTRACT

Introduction: the absence of structured training in information literacy may result in professionals possessing fragmented knowledge. Residents must master research methods, optimize the effectiveness of their practice, and generate new knowledge.

Objective: to identify the information literacy competencies of Family Medicine residents at the “Adrián Sansaricq” Teaching Polyclinic in the municipality of Artemisa during the second period of the 2024–2025 academic year.

Methods: an observational, descriptive cross-sectional study was carried out. The study population consisted of 24 residents, and census sampling was used. The variables analyzed were: information needs, information searching, information use, information evaluation, information communication, and self-assessment elements. Data were collected using a questionnaire administered through the Google Forms tool.

Results: a total of 66.67 % reported always or almost always requiring information for the development of their activities, with examinations being the main catalyst for information seeking. Printed books were routinely consulted by the entire sample. Only 45.83 % were familiar with the services available on Infomed. Google Scholar was used by 95.83 % of the participants. Limitations were identified in advanced searching and information evaluation.

Conclusions: the information literacy competencies of the residents were considered fair. There is a need to implement educational strategies to strengthen their skills and attitudes, with particular emphasis on access to information sources and resources, mastery of specialized databases, and the use of bibliographic management tools.

Keywords: computer literacy; family and community medicine; information literacy; information seeking behavior.

 

RESUMO

Introdução: a ausência de treinamento estruturado em letramento informacional pode levar a que os profissionais possuam conhecimentos fragmentados. O residente deve dominar métodos de pesquisa, otimizar a eficácia de sua prática e gerar novos conhecimentos.

Objetivo: identificar as competências informacionais dos residentes de Medicina de Família da Policlínica de Ensino “Adrián Sansaricq”, no município de Artemisa, durante o segundo semestre do ano letivo de 2024-2025.

Métodos: estudo observacional, descritivo e transversal. A população do estudo foi composta por 24 residentes, e a amostragem foi censal. As variáveis analisadas foram: necessidades de informação, busca de informação, uso da informação, avaliação da informação, comunicação da informação e elementos de autoavaliação. Os dados foram coletados por meio de um questionário aplicado via Google Forms.

Resultados: 66,67 % dos residentes reconheceram que necessitam de informação sempre ou quase sempre para o desenvolvimento de suas atividades, sendo as provas o principal catalisador para a busca. Apenas 45,83 % estavam familiarizados com os serviços disponíveis no Infomed. 95,83 % utilizaram o mecanismo de busca Google Acadêmico. Foram identificadas limitações na busca avançada e na avaliação da informação.

Conclusões: As habilidades de letramento informacional dos residentes foram consideradas médias. Há necessidade de implementar estratégias de treinamento que fortaleçam suas habilidades e atitudes, com atenção especial ao acesso a fontes e recursos de informação, ao domínio de bases de dados especializadas e ao uso de ferramentas de gestão bibliográfica.

Palavras-chave: alfabetização digital; alfabetização informacional; comportamento de busca de informação; medicina familiar e comunitária.

 

 

Recibido: 27/10/2025

Aprobado: 19/12/2025

Publicado: 15/01/2026

 

 

INTRODUCCIÓN

El médico contemporáneo tiene la obligación de mantenerse informado para poder desempeñarse de forma próspera en el espacio donde se desenvuelve. El incremento de la información y la cada vez mayor necesidad de utilizarla, requiere poseer un dominio exacto en la manera en que esta se emplea.(1) Hoy, se afronta el desafío de formar profesionales en ciencias médicas con competencias para gestionar la información y generar conocimientos, compartir sus contribuciones, innovar y colaborar.(2,3)

La alfabetización informacional (ALFIN) se concibe como un proceso de aprendizaje continuo que abarca los ámbitos de la información, el conocimiento y la inteligencia.(4) Constituye el conjunto de habilidades para identificar necesidades de información, así como destrezas y capacidades para localizarla, evaluarla, organizarla, comunicarla y utilizarla de manera creativa y eficaz.(5)

La ALFIN se asocia intrínsecamente al aprendizaje de por vida y al pensamiento crítico, objetivos educacionales formales, que en ocasiones, no se integran de manera adecuada a los planes de estudio.(6)

En el sector de la salud, la ALFIN se orienta a la sostenibilidad de los procesos a través del empoderamiento de sus actores, lo que resulta en una tarea de gran relevancia y complejidad.(7) Se considera una oportunidad y una necesidad para la práctica profesional y la educación, al contribuir a la edificación de una comunidad científica informada y ética.(4) Desde esta perspectiva, la utilización oportuna y metódica de los recursos y fuentes de información por parte de los profesionales se reconoce como una condición esencial para facilitar los procesos de gestión de la información y el conocimiento en la investigación científica.(4,8–10)

El posgrado representa el estadio culminante de la formación profesional, un espacio en el que el conocimiento se profundiza para responder a las exigencias académicas, sociales y éticas de la actualidad. Los profesionales no solo consolidan su pericia, sino que adquieren herramientas para transformar su ejercicio diario en un motor de innovación; sin embargo, este proceso demanda más que la simple asimilación teórica; requiere que se desarrolle la capacidad para construir el conocimiento crítico, integrando actitudes y aprendizajes que posibiliten la aplicación efectiva de lo asimilado.

La ausencia de una formación estructurada en ALFIN durante este período, puede derivar en que los profesionales posean conocimientos desactualizados o fragmentados. En este sentido, la producción científica nacional y foránea que señala las deficiencias informacionales en el ámbito sanitario, es considerable y las propuestas de solución son variadas.(4,11–13)

De este modo, estudios realizados en instituciones hospitalarias de Santiago de Cuba(5) y Matanzas(14) han revelado carencias significativas en los residentes en formación del segundo nivel de atención, que menoscaban la calidad de sus investigaciones.

Algunos autores(9,12,15,16) han propuesto y desarrollado programas de capacitación y entrenamiento en el posgrado con el propósito de subsanar las dificultades identificadas, actualizar saberes, optimizar las prácticas relativas al procesamiento y empleo de la información, e incrementar las competencias informacionales, con resultados pertinentes y satisfactorios.

Esta temática ha sido poco explorada en el contexto de la Atención Primaria de Salud, un espacio donde el residente de Medicina Familiar debe dominar los métodos de investigación, optimizar la efectividad de su práctica y generar nuevos conocimientos. Para lograrlo, resulta crucial que cumpla con las actividades académicas y de investigación contempladas en su plan de formación, como la elaboración del proyecto de investigación par la culminación de la especialidad, la presentación de ponencias en eventos científicos y la publicación de artículos científicos. No obstante, el programa de residencia en sus talleres y cursos de metodología de la investigación científica no trata de manera específica elementos fundamentales para el desarrollo de una cultura informacional.(17,18)

Si bien se subraya la necesidad de implementar programas formativos y llevar a cabo modificaciones en cuanto a actitudes, conocimientos y el desarrollo de habilidades para la consolidación de competencias informacionales en ciencias de la salud, es indispensable identificar inicialmente cuáles son las competencias requeridas por un grupo específico para su ulterior evaluación y acreditación.

Por estas razones, se enfatiza la importancia de identificar las carencias presentes en los residentes del primer nivel de atención, y en consecuencia, capacitarlos para que accedan, analicen, verifiquen y gestionen la información científica de manera responsable, reflexiva y consciente, como contribución a su alfabetización y desempeño profesional.

El objetivo de este artículo es identificar las competencias informacionales de los residentes de Medicina Familiar del Policlínico “Docente Adrián Sansaricq”, en el municipio Artemisa, durante el segundo período del curso 2024-2025.

 

 

MÉTODOS

Se ejecutó un estudio de tipo observacional, descriptivo y de corte transversal para determinar las competencias informacionales en los residentes de Medicina Familiar del Policlínico “Docente Adrián Sansaricq” en el municipio Artemisa, durante el segundo período del curso 2024-2025, en el mes de mayo. El universo estuvo conformado por 24 residentes, y se optó por un muestreo censal al incluirse la totalidad de los casos disponibles que cumplieron los siguientes criterios:

Criterios de inclusión: residentes matriculados en la especialidad durante el período de estudio, que no se encontraran en licencia de maternidad o baja temporal, que dispusieran de un dispositivo inteligente para la aplicación del instrumento y que manifestaran su consentimiento para participar en la investigación.

Criterios de exclusión: residentes que optaron por no participar en el estudio.

Las variables consideradas en el análisis fueron: necesidades de información, búsqueda de la información, utilización de la información, evaluación de la información, comunicación de la información, además de elementos de autoevaluación.

Para la recolección de los datos, se utilizó un cuestionario previamente aplicado en estudiantes universitarios,(19) al cual se le realizaron adecuaciones para ajustarlo al contexto de estudio. Para ello, se modificaron, eliminaron y agregaron ítems en cada acápite, así como en la forma de evaluación de las preguntas, con el propósito de alinear el instrumento con las particularidades del desempeño del residente.

En el acápite inicial, se organizó una sección de necesidades de información a partir de la pregunta original sobre la necesidad de buscar información para la investigación y el estudio, reformulándola para abarcar explícitamente las actividades asistenciales, docentes e investigativas, y se amplió la escala de respuesta de tres a cinco categorías de frecuencia. Asimismo, se sustituyeron los factores que incidían en la búsqueda de información (profesores, pruebas, formación profesional, otros) por motivaciones más acordes al contexto estudiado, como exámenes, tareas académicas, actualización profesional, interés personal e investigación científica; se mantuvo la modalidad de respuesta de selección múltiple.

En el acápite de búsqueda de información, se conservaron las preguntas sobre los lugares a los que se acudía para obtener información, pero se ajustaron las opciones de respuesta para sustituir la Biblioteca Central y la Biblioteca de la Facultad por la biblioteca institucional, y se eliminaron referencias al aula como espacio central, se incorporaron formulaciones neutras (profesores o tutores, compañeros).

La lista de fuentes de información se reestructuró: se suprimieron medios propios del entorno estudiantil y se añadieron fuentes directamente vinculadas al ejercicio clínico y a la gestión de la información en salud, como archivos clínicos, documentos técnicos normativos, enciclopedias médicas, bibliotecas digitales, actas de eventos científicos y redes sociales profesionales. Se eliminaron, además, los ítems relativos a la preparación recibida en la facultad para trabajar con información en Internet e Intranet, al conocimiento y uso de motores de búsqueda genéricos y a la forma en que el estudiante había aprendido a buscar información. Paralelamente, se reformuló la pregunta sobre bases de datos al incorporar bases de datos biomédicas como PubMed, Embase, Redalyc, DOAJ y Dialnet.

De forma adicional, se introdujeron nuevas preguntas específicas del ámbito médico-informacional como el conocimiento y uso de los recursos de Infomed (y la identificación concreta de sus servicios), así como la frecuencia de utilización de descriptores DeCS y MeSH, la elaboración de ecuaciones avanzadas de búsqueda y el empleo de operadores booleanos, de proximidad, rango y truncamiento; a través de escalas de frecuencia de cinco categorías (siempre a nunca).

En relación con la utilización de la información, se definió un acápite específico que incorporó preguntas sobre el respeto a los principios éticos y legales en el uso de la información y el plagio; ambas se evaluaron mediante escalas de frecuencia. Se amplió la lista de opciones sobre el uso de gestores bibliográficos, y se incorporó una pregunta sobre el conocimiento de las normas de citación Vancouver, y otra destinada a valorar la frecuencia con que el residente las aplicaba en sus trabajos.

En el acápite de evaluación de la información se reformularon y ampliaron los criterios; se sustituyeron por opciones más rigurosas y propias de la lectura crítica en salud, tales como autoridad de la fuente, alcance del tema, actualidad, audiencia destinataria, exactitud y validez, relevancia para la consulta, objetividad y facilidad de acceso; se mantuvo la evaluación mediante selección múltiple.

En cuanto a la comunicación de la información, se sustituyeron los medios de difusión propios del contexto universitario por el uso de redes sociales: Facebook, Instagram y X, y perfiles de carácter académico y profesional (Mendeley, ResearchGate, LinkedIn, ORCID), que se evaluaron mediante selección múltiple.

En el acápite de autoevaluación, se reformularon las preguntas para que se centraran en la percepción del residente sobre sus conocimientos, habilidades y actitudes en la búsqueda, utilización, evaluación y comunicación de la información, y sobre la importancia de desarrollar competencias informacionales para su desempeño profesional y académico. Se modificó la pregunta sobre la implementación de acciones para el desarrollo de competencias, orientándola a la pertinencia de estrategias educativas durante la formación.

El cuestionario fue aplicado por el autor mediante la herramienta Google Forms, y el envío del enlace (https://forms.gle/8oYBCLtLj1HznG8X8) al grupo de WhatsApp de los residentes del policlínico para su posterior cumplimentación. La información recopilada se registró en una base de datos mediante el programa Microsoft Excel 2022,

La investigación fue aprobada por el Consejo Científico y el Comité de Ética de la institución. Se respetaron los principios éticos establecidos en la Declaración de Helsinki(20) y se obtuvo el consentimiento informado por escrito de los participantes que colaboraron voluntariamente en el estudio.

 

 

RESULTADOS

En la caracterización de la población estudiada, se determinó que 25,00 % de los residentes se encontraban en el primer año de la especialidad, 33,33 % estaban en el segundo año y 41,67 % en el tercero.

En cuanto a las necesidades de información, 66,67 % de los encuestados reconoció requerir información siempre o casi siempre para el desarrollo de sus actividades docentes, investigativas o asistenciales. Asimismo, la totalidad de la muestra identificó a los exámenes como el principal catalizador para la búsqueda de información, seguido por las tareas académicas inherentes al programa de estudio (58,33 %), la actualización profesional (50,00 %), el interés personal (37,50 %) y la investigación científica (25,00 %).

Recurrió con mayor asiduidad a sus profesores o tutores 70,83 % de los participantes y a Internet para la obtención de información, mientras que las fuentes institucionales, como la biblioteca, fueron utilizadas con una frecuencia notablemente inferior (29,17 %).

Conforme a la tipología de las fuentes consultadas (Fig. 1), los libros y folletos en formato impreso fueron explorados habitualmente por 100 % de la muestra. De forma semejante ocurrió con las enciclopedias médicas y las conferencias, utilizadas en un 75,00 % en ambos casos. Los archivos clínicos y otras fuentes (41,67 %), particularmente de tipología documental como las guías y manuales, fueron examinadas, también, con mayor frecuencia. En contraste, aquellas fuentes que demandan el uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones no suelen emplearse regularmente: bases de datos académicas (33,33 %) y las revistas electrónicas (20,83 %).

 

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Fig.1 - Fuentes de información consultadas por los residentes.

 

Menos de la mitad de los encuestados (45,83 %) se encontraban familiarizados con los recursos y servicios disponibles en el portal de Infomed y estos, accedieron mayormente a la Biblioteca Virtual en Salud y a las Noticias de salud “Al Día”, en un 90,91 y 72,73 % respectivamente (Fig. 2).

 

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Fig 2 - Recursos y servicios de Infomed consultados por los residentes.

 

En relación con el conocimiento y uso de bases de datos para la búsqueda de información (Fig 3), los resultados de la encuesta indicaron que los residentes acudían usualmente al motor de búsqueda Google Académico (95,83 %), seguido por Scielo (58,33 %) y Lilacs (50,00 %).

 

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Fig 3 - Bases de datos consultadas por los residentes.

 

Se observó que la mayoría de los encuestados utilizaba en menor proporción las estrategias de búsqueda avanzada (Fig 4). La mitad de los residentes manifestó no utilizar nunca los tesauros DeCS y MeSH, una situación similar a la declarada con los operadores booleanos, de proximidad o truncamiento (45,83 %).

 

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Fig. 4 - Estrategias de búsqueda avanzada y frecuencia de empleo por los residentes.

 

Al explorar la conducta responsable y ética de la información (Fig. 5), se identificó que la frecuencia de incurrir en plagio (45,83 %) y la de respetar los principios éticos (41,67 %) se ubicaron en la categoría de algunas veces. No obstante, es pertinente destacar que una cuarta parte de los residentes afirmó nunca haber utilizado información, sin la atribución correcta a su fuente original; 50,00 % reportó mantener buenas prácticas éticas siempre o casi siempre.

 

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Fig. 5 - Frecuencia de utilización de la información por los residentes de forma ética y responsable.

 

Únicamente 16,67 % de la muestra utilizaba gestores bibliográficos para la compilación y organización de la información: Zotero y Mendeley fueron los más conocidos. Referente a las normas de citación bibliográficas, 62,50 % refirió tener conocimiento del estilo Vancouver, pero solo 13,33 % de estos lo aplica correctamente siempre en sus producciones.

Al indagar sobre la evaluación de la información, 54,17 % de los encuestados respondió desconocer los criterios para su valoración. Entre aquellos que sí respondieron afirmativamente, los criterios considerados con mayor frecuencia fueron la facilidad de acceso y la actualidad (100 % en ambos casos), la relevancia (72,73 %), la exactitud (54,55 %) y el alcance del tema (45,45 %).

En relación con la comunicación de la información, las respuestas mostraron variabilidad. De los participantes aseguró compartir información rara vez 41,67 %; 12,50 % nunca lo hace y 8,33 % la comunica siempre. En este ámbito, 79,17 % afirmó utilizar sus redes sociales para la difusión de información, con una mayor predilección por Facebook (78,95 %), Instagram (73,68 %), y otras vías (63,16 %) como las aplicaciones de mensajería (WhatsApp y Telegram). Los servicios de índole profesional, como LinkedIn (26,32 %) y ResearchGate (15,79 %), fueron empleados en una proporción menor.

La autoevaluación de sus conocimientos, habilidades y actitudes en la búsqueda, utilización, evaluación y comunicación de la información arrojó un número significativo de respuestas en las categorías regular y deficiente, con un 41,67 % y un 33,33 % respectivamente (Fig 6).

 

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Fig. 6 - Autoevaluación de competencias informacionales por los residentes.

 

Finalmente, 91,67 % de los residentes consideró relevante el desarrollo de competencias informacionales para su desempeño profesional y académico. De modo similar, 79,17 % estimó pertinente la implementación de estrategias educativas durante su formación con el propósito de mejorar estas competencias.

 

 

DISCUSIÓN

Aunque no se pretendió establecer un nexo directo entre el grado de competencias informacionales y el año académico cursado, se considera que, la incorporación de estrategias educativas centradas en la ALFIN, integradas a los programas de formación desde el inicio de la residencia, podría resultar viable para identificar fortalezas y subsanar las carencias formativas de este grupo. De mantenerse esta práctica en el tiempo, sus efectos serían beneficiosos tanto para el residente como para la institución, ya que contribuiría a elevar la calidad de las investigaciones que se desarrollan en el primer nivel de atención, estimularía la producción científica de base, aumentaría la visibilidad institucional y permitiría la obtención de resultados relevantes en eventos científicos y trabajos de tesis.

En esa línea, la investigación de García-Martín y cols.,(4) realizada en Ciego de Ávila evidenció altos niveles de satisfacción, autogestión y autoformación en residentes de Angiología y Cirugía Vascular tras la implementación de un curso de ALFIN orientado a la búsqueda y uso de información científica mediante un entorno virtual de enseñanza-aprendizaje. Por su parte, Domínguez-Aroca y cols.,(13) demostraron que la colaboración entre el personal bibliotecario y el profesorado puede favorecer la adquisición de competencias informacionales y la gestión de la información por parte de los estudiantes, al observarse una mejora significativa entre las mediciones iniciales y finales del aprendizaje en diversas ramas de las ciencias de la salud.

La ALFIN promueve el desarrollo de las competencias informacionales, cuyo propósito es establecer una relación constructiva entre las personas y la información. Esta competencia comprende desde la identificación de necesidades informativas, hasta la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación y los contenidos, con lo que se propicia el uso crítico de la información para la toma de decisiones en el ámbito profesional, social y personal.(8)

De forma similar a lo observado en otros contextos,(5,21) más de la mitad de los encuestados señalaron que requieren información para el cumplimiento de sus responsabilidades cotidianas. En México, Franco-Rico y cols.,(11) reportaron que 88,88 % de los médicos residentes priorizan la toma de decisiones clínicas y terapéuticas como la principal razón para acceder a información científica; sin embargo, esta tendencia puede variar con la experiencia profesional; el segundo motivo identificado fue la preparación de actividades académicas y la realización de investigaciones, como la tesis (77,77 %).

Estos resultados difieren de los obtenidos en el presente estudio, en el que se otorga mayor relevancia al rendimiento académico que al cumplimiento de los objetivos investigativos establecidos en el plan de la especialidad. No obstante, se reconoce que diversos factores pueden influir en la motivación del residente para satisfacer sus necesidades informativas.

En este orden, algunos autores(22) señalan que la motivación y las competencias informacionales constituyen elementos esenciales del entorno educativo, en el cual el procesamiento eficiente de la información resulta indispensable. Además, se ha comprobado la relación positiva entre ambos aspectos, lo que favorece el aprendizaje autorregulado, el compromiso académico, la eficacia en los resultados y el uso de fuentes de información orientadas al descubrimiento y la exploración de nuevos conocimientos.

Respecto a los espacios más utilizados para la búsqueda de información, se observa una correspondencia entre el empleo de fuentes no documentales de carácter personal, como el claustro docente, y las fuentes digitales. Esto indica que, aunque existe un uso extendido de las tecnologías de la información y la comunicación, persiste cierta dependencia de los conocimientos proporcionados por los profesores. No obstante, la relación entre tutor y residente debe asumir actualmente un enfoque más orientador. Los cambios en la función docente del tutor desplazan el eje del proceso educativo desde la enseñanza hacia el aprendizaje autónomo, promueve la independencia del estudiante y transforma al profesor de una fuente exclusiva de conocimiento a un facilitador del aprendizaje.(17,18)

Por otro lado, el acceso a la biblioteca no suele figurar entre las opciones preferidas por los residentes. Así lo demuestra el estudio de Rodríguez-Reina y Gutiérrez-López(23) en Granma, donde más de la mitad de los encuestados (56,90 %) reportaron visitas ocasionales a la biblioteca. En esta misma línea, el servicio más solicitado al personal bibliotecario suele ser la búsqueda de información.(5,23)

El desarrollo tecnológico se convierte en un componente que ha reducido la frecuencia de visitas a las bibliotecas; mas, el autor advierte que el bibliotecario debe asumir un rol activo en la educación y capacitación de los usuarios para el acceso, búsqueda y utilización de la información, además de orientar sobre las estrategias y herramientas necesarias para la utilización de la literatura en formato digital. La biblioteca se concibe, por tanto, como un espacio que favorece la identificación de habilidades y el pensamiento crítico del estudiante;(22) asimismo, contribuye al fortalecimiento de la ALFIN al promover la autonomía y la creatividad y se consolida como un recurso valioso para la formación de la identidad profesional.(8)

A pesar que los resultados reflejan una recurrencia en el uso de medios digitales para satisfacer las necesidades de información, se observa al mismo tiempo que la consulta de literatura en formato impreso permanece como práctica extendida. Este comportamiento difiere de lo reportado por Alonso-Vázquez y cols.,(5) y otros autores.(23,24) Si bien los libros representan una fuente de conocimiento de alta calidad, se considera que la actualización de sus ediciones impresas suele producirse con lentitud. En consecuencia, los textos impresos disponibles podrían contener información obsoleta. En contraste, el uso de fuentes que se actualizan de manera continua y ofrecen contenidos más recientes, como las revistas electrónicas y los boletines, resulta limitado, lo que evidencia la necesidad de fomentar una mayor familiarización con estos recursos.

En otro orden, los hallazgos revelaron un panorama poco alentador respecto al conocimiento y empleo de herramientas digitales y plataformas informativas. Menos de la mitad de los participantes identificaron el portal Infomed como una vía para acceder a la información científica, lo cual resulta preocupante y pone de manifiesto la carencia de una base sólida en la utilización de fuentes nacionales, tal como se ha evidenciado en investigaciones realizadas tanto en el pregrado como en el posgrado.(16,25) Contar con un conocimiento amplio sobre los recursos y servicios que ofrece la red nacional de salud constituye un elemento clave para promover la consulta de información y la actualización permanente y confiable en el ámbito de la educación médica.

Se hace evidente, por tanto, la necesidad de orientar adecuadamente sobre los espacios donde se puede obtener información científica de calidad. Aunque el buscador Google Académico representa una herramienta accesible y sencilla de utilizar, sus posibilidades de realizar búsquedas avanzadas o de filtrar fuentes de alta calidad son limitadas en comparación con las bases de datos biomédicas. La confianza excesiva depositada en motores de búsqueda generales podría reflejar la urgencia de fortalecer las competencias en alfabetización informacional, con una formación orientada al uso de fuentes más rigurosas y especializadas.(26)

En el apartado correspondiente al empleo de estrategias de búsqueda avanzada, los resultados evidencian un desconocimiento general sobre las potencialidades y funciones de los descriptores y operadores. Este hallazgo coincide con lo reportado por Ramos-Bermúdez y Ramos-Calás(21) y por Alonso-Vázquez y cols.,(5) aunque difiere de lo señalado por Vargas-Echeverría y Pech-Argüelles(24) y Plasencia-Urizarri y Almaguer-Mederos.(27) Si bien se reconoce la heterogeneidad de las poblaciones incluidas en dichos estudios, persisten deficiencias en la capacidad para redefinir las estrategias de búsqueda y seleccionar términos apropiados en estudiantes y profesionales.

Al contrastar los resultados vinculados con el uso ético y responsable de la información, se observaron valores inferiores respecto a los obtenidos por otros grupos de residentes de distintas especialidades.(24,28) Desde esta perspectiva, se parte del principio de que el desarrollo de estrategias formativas favorece la autonomía del residente, le permite proyectarse de manera personal y promueve el proceso de aprender-aprehender. Ello se traduce en una autotransformación que implica modificaciones intencionales en sus pensamientos, creencias, conductas y formas de razonar, lo que conduce a su crecimiento personal y profesional.(4)

La mayoría de los encuestados manifestó conocer las normas Vancouver; sin embargo, la falta de dominio en su aplicación para citar y referenciar constituye un aspecto crítico, dado que este estilo es el más empleado en la literatura biomédica y el preferido por las revistas médicas cubanas. En consonancia, el escaso conocimiento y uso de gestores bibliográficos revela limitaciones en habilidades esenciales para la organización, utilización y citación de las fuentes científicas, lo que coincide con lo reportado en estudiantes universitarios, tanto cubanos como extranjeros.(13,21) El fortalecimiento de estas competencias resulta indispensable para elevar la calidad de la investigación, al facilitar el acceso, la organización y el aprovechamiento eficiente de la literatura científica.

Diversas publicaciones coinciden con los hallazgos del presente estudio al señalar que la evaluación de la información constituye un reto transversal en los procesos formativos.(5,13,24,27) Desde la visión del autor, esta capacidad demanda destreza, juicio crítico y una actitud reflexiva para discernir qué datos resultan relevantes y confiables. No debe considerarse una competencia plenamente consolidada, sino una habilidad que requiere actualización constante, acompañada de procesos formativos y de entrenamiento continuo.

Según González-García y cols.,(3) la virtualización de la formación en el contexto de la especialización en Medicina Familiar guarda estrecha relación con los avances tecnológicos, los cuales han propiciado la creación de nuevos entornos educativos. En estos espacios se hace imprescindible divulgar de manera sistemática los resultados científicos, incorporar los hallazgos de la investigación al ejercicio docente y asistencial, así como emplear diversos medios de comunicación para socializar la producción científica biomédica.

En tal dirección, el intercambio de información contribuye significativamente al perfeccionamiento profesional. La disposición favorable hacia la difusión del conocimiento constituye un elemento clave para fortalecer los entornos colaborativos de aprendizaje y consolidar comunidades académicas dentro de las instituciones de salud,(29) sin embargo, persiste una brecha entre el uso extendido de las tecnologías de la información y la comunicación y la práctica efectiva de la difusión científica.

Aunque la mayoría de los encuestados utiliza las redes sociales, las plataformas preferidas suelen estar orientadas al entretenimiento o la mensajería instantánea. Un estudio realizado en doctorandos evidenció que solo 58 % afirmó poseer habilidades suficientes para presentar la información, mientras que un grupo menor expresó necesitar formación específica en el uso de la red social académica ResearchGate.(27)

En sentido amplio, los profesionales de la salud formados en la era digital no reciben una capacitación adecuada en competencias tecnológicas, lo cual puede derivar en un empleo limitado o inapropiado de las herramientas digitales disponibles.(10) En este marco, el autor sostiene que cualquier red social puede emplearse como medio para compartir la información y el conocimiento, siempre que se respeten los principios éticos relacionados con la divulgación del contenido, especialmente si estos involucran material sensible o confidencial. No obstante, resulta esencial fomentar el uso profesional de redes que promuevan la colaboración y aumenten la visibilidad de la labor investigativa.

El fortalecimiento de la ALFIN posibilita que los ciudadanos desarrollen autonomía y adopten procedimientos y actitudes orientadas a reconocer sus necesidades de información, definirlas con precisión, localizarlas y seleccionarlas mediante distintas fuentes y canales, así como estructurarlas y comunicarlas adecuadamente, en concordancia con los aspectos éticos, sociales y económicos implicados. Estas competencias resultan esenciales en el contexto actual; la nueva información, al integrarse con los saberes previos, genera síntesis que contribuyen a la construcción del saber.(8)

Los residentes manifestaron la necesidad de desarrollar competencias vinculadas al uso adecuado de la información, de modo que se promuevan estrategias docentes orientadas a su enseñanza. Este criterio concuerda con lo señalado por diversos autores,(4,5,24,30) quienes destacan que, en el ámbito del posgrado, la ALFIN adquiere especial relevancia, y que los espacios formativos que faciliten su desarrollo deben ocupar un lugar prioritario dentro de los programas de estudio.

En el ámbito del proceso continuo de digitalización, se requiere que el médico moderno posea competencias digitales básicas, entre ellas la alfabetización en datos y la comprensión de los principios fundamentales de los sistemas digitales, por consiguiente, la formación digital debe integrarse como componente esencial de la educación médica continua. En el caso de los residentes, estas acciones formativas deberían incorporarse al currículo mediante cursos obligatorios y contemplarse dentro de los planes individuales de trabajo.(10) Bajo esta óptica, resulta indispensable que los futuros especialistas asuman un papel activo en su propio proceso de transformación, de modo que el desarrollo de habilidades y actitudes en la utilización y uso de la información científica constituya la base para la apropiación y generación de nuevos conocimientos.(12)

Entre las limitaciones del estudio se encuentra la escasa disponibilidad de investigaciones publicadas que traten de manera específica esta temática en el ámbito de la Medicina Familiar, lo cual dificultó la realización de comparaciones directas entre los resultados obtenidos y los reportados en otros estudios sobre competencias informacionales. Se considera, además, que el tamaño reducido de la muestra pudo haber limitado la posibilidad de generalizar los hallazgos a otros grupos de residentes de esta especialidad. Del mismo modo, el diseño transversal del estudio impidió establecer nexos causales entre el rendimiento académico y profesional y las habilidades informacionales de los residentes.

 

 

CONCLUSIONES

En términos generales, las competencias en materia informacional de los residentes de Medicina Familiar se consideraron regulares. Se identifica la necesidad de aplicar estrategias formativas que fortalezcan sus habilidades y actitudes, con especial atención al acceso a fuentes y recursos de información, al dominio de las bases de datos especializadas y al empleo de herramientas de gestión bibliográfica. Del mismo modo, es fundamental promover una cultura crítica, responsable y ética, que contribuya a elevar la calidad educativa y la producción científica. La colaboración estrecha entre el claustro y el personal bibliotecario, junto con el uso de plataformas digitales acordes con las demandas actuales, puede resultar una vía pertinente, estimulante y provechosa para la formación desde los primeros años de la especialidad. El presente trabajo aporta una caracterización de las competencias informacionales en residentes de Medicina Familiar, que puede servir de base para la toma de decisiones fundamentadas y para el diseño de programas orientados al desarrollo de estas competencias durante la formación de los futuros especialistas del primer nivel de atención.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Conflicto de intereses

El autor declara que no existe conflicto de intereses.

 

Contribución de los autores

Jonatham Veliz-González: conceptualización, investigación, metodología, administración del proyecto, visualización, validación, supervisión, redacción, revisión y edición.

 

Financiación

Policlínico Docente “Adrián Sansaricq”. Artemisa, Cuba.

 

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